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PARA MEDITAR, REFLEXIONAR Y COMPARTIR.... New Page 1

 

Según una antigua costumbre china, al aproximarse en fin del año las personas hacen lo posible por pagar todas sus deudas, con el fin de empezar el nuevo año completamente libres, sin deberle a nadie. Para nosotros “la proximidad del fin de año” es la temporada de navidad, y por lo general es un periodo en el que acrecentamos nuestras deudas en vez de pagar las antiguas.

 

Compramos juguetes para los niños y regalos para nuestros familiares y amigos. Con frecuencia invertimos en alguna compra mayor para la familia, como una pantalla plana de TV o un nuevo refrigerador, y nos embarcamos en nuevos pagos de hasta 24 o 36 meses. Esta es nuestra costumbre en la temporada de los regalos.

 

Les regalamos a nuestros seres queridos para expresarles nuestro amor, en el cumpleaños de quien nos enseñó qué es el amor.

 

Esto es lo que está en el fondo de toda la celebración. Pero con mucha frecuencia, regalar se convierte en un fin en sí mismo, una mera costumbre sin significado, una distracción, algo solo de Santa Claus, y se nos olvida el Amor con A mayúscula. ¡Nos olvidamos de Dios! Todo el año le hemos dado a Dios. Y lo hemos hecho movidos por un sentimiento de amor y gratitud. El fin de año es un momento excelente para revalorar nuestras ofrendas al Señor.

¿Por qué no adoptar la antigua costumbre china? Asumamos nuestra obligación de retribuirle a Dios a la luz de todo lo que nos ha dado. Y en el espíritu del cumpleaños de nuestro Señor veamos qué de nosotros podemos dar para demostrarle nuestro amor. A estas alturas ya sabemos cuál es o será nuestro ingreso anual, incluyendo todas las fuentes, como obsequios y bonos. También sabemos cuánto le hemos dado a Dios, tanto mediante la iglesia como a través de otras formas de caridad fuera de ella.

 

¿Realmente lo que ahora doy representa lo que yo pienso sobre Dios Todopoderoso? ¿Representa mi amor, mi gratitud, mi arrepentimiento, mis actos de autonegación, mis gozos y mis cruces? ¿Son una forma justa de compartir mis posesiones materiales?

 

¿Está Dios complacido con lo que doy? ¿Puedo decir sinceramente que he dado hasta el límite de mis posibilidades?

 

En esta temporada de dar debemos darnos el tiempo para revaluar lo que le hemos ofrecido durante este año a Dios. Tomemos el diezmo como medida, como un criterio aceptable, y veamos si nuestra entrega de amor es digna de lo que Dios nos ha dado este año y durante toda nuestra vida.

 

TO MEDITATE, TO REFLECT ON AND TO SHARE....

According to an old Chinese habit, when approaching the end of the year people try to make possible to pay all their debts, with the purpose of beginning totally free the new year, without owing anybody. For us the vicinity of the end of the year is the season of Christmas, and in general it is a period in which we increase our debts instead of paying the old ones.

 

We buy toys for the children and gifts for our relatives and friends.  Frequently we invest in some bigger purchase for the family, like a plane screen of TV or a new refrigerator, and we go aboard in new payments of 24 or 36 months. This is our habit in the season of the gifts. 

 

We give to our love ones to express them our love, in the birthday of who taught us what the love is.

 

This is what it’s in the bottom of the whole celebration. But with frequency, to give gifts transforms into an end in itself, a mere habit without meaning, a distraction, something alone of Santa Claus, and we forget the Love with capital A. ¡We forget God! The whole year we have given to God. And we have done it moved by a feeling of love and gratitude. The end of the year is an excellent moment to revalue our offerings to God.

 

Why not adopt the old Chinese habit? Let us assume our obligation of rewarding God by the light of all that He has given us. And in the spirit of the birthday of our God let us see what we can give to demonstrate him our love. At this moment we should already know what will be our annual income, including all the sources, as gifts and funds. We also know how much we have given to God, as much by means of the church as through other forms of charity outside of the church. 

 

What I give now really represents what I think on God Almighty? Does it represent my love, my gratitude, my regret, my auto denial acts, my joys and my crosses? Are they a fair way of sharing my material possessions? 

 

Is God pleased with what I give? Can I say sincerely that I have given until the limit of my possibilities? 

 

In this season of giving we should give ourselves the time to reassess what we have offered God during this year. Let us take the tithe like a measure, as an acceptable approach, and let us see if our delivery of love is worthy of what God has given us this year and during all our life. 

 

 

 

 

 

 

 









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Publicado en: 2004-11-26 (7487 Lecturas)

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